NO SÉ QUÉ HACER


                               No sé qué hacer

—No sé qué hacer, amigo.

— ¿Por qué dices eso, mujer? ¿Te pasa algo?

—Pues resulta que vivo dos vidas y a punto de vivir tres.

— ¡Cómo? ¿Cómo está eso, no entiendo?

Platicaban sentados, un hombre y una mujer, en el restaurante muy cerca de donde me encontraba. La pareja se ve que son muy buenos amigos y se conocen desde hace varios años. Platican con toda la confianza y la tranquilidad. La mujer es morena y de estatura mediana, de buen vestir; es decir, se ve elegante, que vive en la ciudad y de una posición económica estable. Su pelo es corto y pintado de un rojo bajito, el maquillaje es apenas visible y de sonrisa afable. Diría que trabaja en alguna oficina, tal vez de gobierno. El hombre, usa un vestuario casual: camisa de cuadros, pantalón de mezclilla y unos zapatos negros bajitos y muy bien peinado.

Siguen platicando y sin ocuparse de la gente que está cerca, pero estas ni siquiera se percatan de la charla:

—Te platico. Tú, conoces a mi marido y sabes que con él me llevo bien. No hemos tenido pleitos. Ambos nos entendemos: hay apoyo entre nosotros, en nuestros proyectos, en nuestros sueños y en las cosas que queremos hacer. Él nunca me ha faltado el respeto, lo quiero y me quiere.

— ¿Y luego, qué pasa…?

—Pero, aun diciendo que entre nosotros todo marcha perfecto, hay cosas que no encajan del todo bien. Como tú sabes, nosotras las mujeres no sólo necesitamos que nos escuchen, nos quieran, nos consientan con regalos, nos digan que nos aman; esto es tan sólo una parte de lo que una mujer necesita para sentirse bien.

—No entiendo. Entonces ¿Qué es lo que hace falta?

—Pues, que en las noches sólo platicamos un poco, ni siquiera nos miramos. A veces ya ni me platica del cómo le fue durante el día. Si yo le platico sólo contesta con algunas palabras cortas; luego se da vuelta para darme la espalda y se duerme. Pasan varias noches para que haya unos besos y alguna entrega de amor.  Y se ha vuelto todo tan rutinario que ya no espero nada, nada nuevo. Es decir, que ni siquiera sé si espero que haya algo.

— ¿Y eso qué quiere decir?

—Desde hace un par de años salgo con un amigo y es con él con quien vivo todos esos momentos de entrega, de entrega sin restricciones, sin tapujos, sin miedos, sin condición, sin…

— ¡Para! ¡Espera….espera! ¿Qué estás diciendo? ¿Me estás diciendo que tienes un amante? Eso no lo puedo creer y menos de ti. ¡Jamás me lo hubiera imaginado! Pero,… ¿qué vas a hacer, mujer?

—Hasta hace unos meses me había acostumbrado a esta vida: vernos ocasionalmente y llegar a mi casa, atender a mi marido en una forma más amable, más tolerante, más cariñosa y hasta más comprensiva. También creo que mi marido sabe que hay algo o alguien quien me hace actuar distinta; pero calla. En ocasiones siento cómo me observa de una forma interrogante.

— ¡No, no, no me digas que hay alguien más! Eso sí que no lo puedo creer.

—Por cuestiones de trabajo me enviaron a una reunión fuera del estado. Asistí. Expuso un hombre que, desde la primera palabra enunciada, me impactó. Me quedé embobada escuchándolo hasta la última palabra. Me pareció un hombre inteligente, interesante, atrayente. No, no sé qué me pasó, me dejó impactada. No perdí ocasión para pedirle su correo electrónico y darle el mío. Le dije que me había gustado su participación, que estuvo genial, interesante y novedoso. No recuerdo qué más le dije.  Al regreso de la comisión me llevé la sorpresa de me había dado de alta como uno de sus contactos. Me gustó. Así comenzaron las charlas. Primero pregunté de él: sobre su vida personal, familiar. Supe entonces que era casado, con tres hijos, un matrimonio estable. Le comenté que yo también estaba casada y con un buen hombre, comprensivo, cariñoso y que nuestra relación está muy sólida. Creo que le mentí un poco. Ni siquiera sé por qué no de le dije la verdad.

— ¡No, amiga! Me has dejado sin palabra. No sé qué decirte. Sigue. ¿Qué más pasó? Ya, sigue contando.

—Así fue como comenzamos a chatear por la web. Poco después comencé a extrañarlo mucho, sólo abría mi correo para buscar algún mensaje suyo o comenzar la charla, charlas que de repente eran interminables. Ni siquiera quiero despedirme, más bien, no quiero dejarlo. Él me tiene anonadada, y es por todo lo que me dice o lo que me manda: música, poesía de él o de algún otro poeta; o sus cuentos. Me tiene como adormilada, me tiene enamorada.

—Ay, no. No me digas eso. Ahora sí que me va a dar un infarto.

—Pues es muy curioso, raro, extraño; todo esto. A veces creo que Dios nos puso en el mismo camino.

—No, eso no es cierto. No creo que creas que Dios hace esto.

—Ha sido tanta la coincidencia, incluso me mandó una canción que se titula así: “coincidir”, que se ha convertido en mi favorita. Pues sueño con él: imagino que está a mi lado acostado, que en las mañanas preparo el desayuno para él y desayunamos juntos, después vamos a trabajar y encontrarnos después. Yo me imagino caminando por la sala recién bañada, perfumada, con una bata delgada, provocativa y verlo cómo me desea. Que los fines de semana él prepara el desayuno, me sirve la comida, platicamos, salimos a caminar juntos; en la tarde, comemos en algún restaurante, vamos al cine o, nos quedamos en casa y disfrutamos de alguna lectura o de una buena película.

Sí, estoy viviendo mi sueño. Vivo un sueño hecho realidad.

— ¿Verdad que no estoy loca? Dime que no lo estoy.

—Ay, mana, cómo decirte que no lo estás, pero todo esto es una verdadera locura.

—Ah, esto no es todo.

—¡¡¡¡¡Nooooooooooooo!!!!!! Pues ¿Hay más?

—Sí, un poco más. Este fin de semana, o sea mañana, viene a verme. Siento tanto nervio y no sé qué hacer.

—Ay, mana, no sé qué decirte. Suertuda.

—Tengo tantas ganas de verlo. Pero estoy aterrada.

—Ay, amigis. Mejor descansa bien esta noche y le consultas a la almohada porque lo que es yo ni siquiera tengo palabra. Me dejaste sin habla. Yo ya quisiera tener tantita suerte como tú.

Marcelino Hernández Beatriz.

Marzo 2012

Acerca de MARCELINO HERNÁNDEZ B

Originario de Cruzhica, Xochiatipan, Hgo., Trabajé en CONAFE hasta el 2008. Actualmente laboro en la Dirección General de Educación Indígena (DGEI), en el DF.
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2 respuestas a NO SÉ QUÉ HACER

  1. JOCABED dijo:

    YEYEJTSI CUENTO, ME GUSTÓ, CREO NO SE ALEJA DE LA REALIDAD, SEGURAMENTE EXISTEN HISTORIAS IGUALES O PARECIDAS A ESTA, Y QUE SI NO FUERA POR ESAS PERSONAS QUE NOS HACEN SENTIR EL AMOR NUESTRA VIDA SERÍA MARCHITA, LA VIDA NECESITA DE AMOR AUNQUE A VECES NO LO ENCONTREMOS DONDE PENSAMOS QUE ES EL LUGAR CORRECTO.

  2. Ricardo Morales Hernández dijo:

    Muchas Felicidades marce, hace años supe que editaste un diccionario en nuestra lengua náhuatl, quisiera saber de el porque recuerdo que para ello tomaste algunas fotos en hujutla. gracias nuevamente. Dios te bendice.

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